Recuerdo
—¡Suéltame no me hagas más daño! ¡Teníamos un hijo! —gritaba ella en lo que fueron sus últimas palabras.
—Un hijo que te encargaste de asesinar, hija de puta, y, aun así, después de que te dejé seguir con vida, decidiste atacar a mi esposa —grité con furia dejándome dominar por todo lo que estaba sintiendo y por los demonios dentro de mi cabeza.
—¡Ese lugar me pertenecía! ¡Yo debí ser tu esposa! ¡Solo yo te he amado, Gabriel! —gritó ella en medio de lloriqueos—. Me buscaste, Gabriel,