Edrik
La última noche en Nueva York siempre tiene algo especial, una especie de nostalgia anticipada que te invade antes de partir. Habíamos decidido cenar en uno de esos restaurantes pequeños, casi
escondidos, donde el bullicio de la ciudad parece un eco lejano. Blossom había elegido el lugar, un rincón íntimo con luces cálidas y un ambiente que invitaba a la tranquilidad. Mientras caminábamos hacia nuestra mesa, no podía dejar de pensar en lo mucho que habíamos vivido juntos en tan poco tiem