CAPÍTULO 47
Catarina Soler estaba de pie frente a las imponentes escalinatas de mármol del Palacio de Justicia, sintiendo que el café negro y las tres escasas horas de sueño que había logrado conciliar libraban una batalla campal en su torrente sanguíneo.
— Respira, Soler —dijo la voz grave y familiar a su lado.
Sebastián de la Torre apareció en su campo de visión. Llevaba un traje a medida de color gris grafito, una corbata de seda oscura y un maletín de cuero que parecía contener los secretos