CAPÍTULO 107
— Bueno, doctor de la Torre —comenzó el patriarca, utilizando el título profesional como una barrera defensiva— Mi mujer está llorando de emoción en las tiendas de novias y mi hija parece caminar sobre las nubes. Me citó usted aquí a solas, a espaldas de ellas. Asumo que no me trajo a este lugar tan fino para hablar del clima. ¿Qué es lo que quiere?
Sebastián no parpadeó. Hoy no era el abogado invencible; hoy era simplemente un hombre frente al padre de la mujer que amaba.
— Le agr