CAPÍTULO 106
— Ya casi estoy —anunció la voz ahogada de Catarina desde el interior del probador— Aunque creo que acabo de perder la sensibilidad en las costillas flotantes.
— El dolor es belleza, cuñada. ¡Sal ya! —la animó Sofía, dando un sorbo a su champán.
La cortina se descorrió. Catarina salió al pequeño pedestal iluminado. Llevaba un vestido de corte princesa, con una falda de tul tan inmensa que parecía una nube a punto de estallar, y un escote bordado con pedrería que destellaba bajo la