CAPÍTULO 105
Al día siguiente, la luz dorada y perezosa de la mañana se filtró a través del enorme ventanal, acariciando las sábanas revueltas de la cama.
Catarina tardó en despertar, aunque no abrió los ojos de inmediato. Su cuerpo se sentía maravillosamente pesado, lánguido, impregnado de una calidez que la hacía sonreír incluso en sueños. Al estirar un brazo para buscar el calor de Sebastián a su lado, solo encontró las sábanas frías.
Abrió los ojos con lentitud, parpadeando para ajustarse a