Luzma
Cuando desperté, sentía todo mi cuerpo adolorido. No podía creer que ese miserable me hubiera lastimado la noche anterior. Él seguía dormido y yo, rápidamente, me dirigí a la ducha y comencé a llorar. Sería la última vez que lloraría por él porque nunca más me tocaría. Cuando terminé de ducharme, regresé a la cama y él ya estaba despierto.
— Si dañaste a mi bebé, yo te juro que lo pagarás —le dije con el rostro lleno de determinación y furia contenida.
— Te portaste tan bien anoche