Rebeca llegó al consultorio y Alejandro la estaba esperando, como siempre, casi al lado de la puerta.
Como muchas veces la tomó en sus brazos sin avanzar un paso.
Los besos apasionados eran cada vez más potentes.
La secretaria confirmó que lo de ellos era mucho más que una aventura, y se retiró pensando en la hermosa que eran.
Mientras tanto en el consultorio, Rebeca y Alejandro eran una misma piel y se entregaban por entero, no solamente físicamente, también entregaban su corazón.
Ella se desa