-Buenas tardes, Rebeca.
-Buenas tardes.
Alejandro se acercó y le dio un beso en la mejilla, con sus labios apenas entreabiertos.
Rebeca quedó paralizada, si reacción, hasta tenía miedo de que él escuchase los acelerados latidos de su corazón.
El psicólogo se alejó un poco de ella y con cara de yo no fui, disimulando todo lo que sentía, pegó la vuelta a su escritorio y se sentó, pensando que daría lo que fuera por hacer realidad todas las fantasías que ella le provocaba.
Necesita saber, con urge