Los besos fueron subiendo de tono, sus bocas no podían despegarse, a ambos los envolvió una lujuria salvaje, que ninguno de los dos esperaba sentir.
Alejandro se sentía hechizado por la mujer que tenía en sus brazos, le gustaba a rabiar y su piel lo volvía loco.
- ¿Vamos?
Le preguntó con toda la intención de terminar la noche con ella en un lugar íntimo.
-Bueno…
Le contestó tímidamente, Rebeca jamás le había puesto los cuernos a su novio, aunque sabía perfectamente que él la había engañado much