—Parece que al señor se le olvidó que está casado —dijo Gema con voz cortante—. Deja a su esposa sola en su casa, como si fuera un mueble —gritó, avanzando hacia él—. ¡Eres un descarado, Bruno! ¿Cómo te atreves a aparecer días después de la fecha en que debías haber regresado?
Bruno la miró con desdén, apoyándose en su escritorio.
—Mira, muchachita ¿quién te crees para hablarme así? Si tu amiga ni me llama ni me reclama, no veo por qué tú tendrías ese derecho. Es nuestra vida privada, y lo reso