—¿Así que no piensas darme explicación? —La voz de Gema tembló de indignación—. ¿De verdad eres una ingrata? Entiendo que hayas regresado y no hayas contactado a Bruno... pero ¿a mí? ¿A mí, que éramos como hermanas? —Sus ojos escudriñaron a Lena con intensidad—. Dios sabe que bendigo que el tratamiento funcionara. Pero la mujer que regresó cambio, tanto físicamente como emocionalmente.
Lena soltó un suspiró amargo, desviando la mirada hacia la puerta del quirófano.
—Deja los reclamos —respondió