Gema entraba varias veces al día para monitorear la salud de Pavel. Después de revisar los aparatos médicos, ajustaba el gotero con dedos que apenas disimulaban su temblor.
—Llevo seis días fingiendo ser tu prometida y aún no me acostumbro —murmuró mientras anotaba los signos vitales en la tabla.
Al terminar, su mirada siempre se desviaba hacia aquel hombre rubio de dos metros, de figura imponente, que ahora estaba vulnerable bajo las sábanas blancas.
El doctor Méndez rompió el silencio al entr