Miguel, aunque dejó su trabajo como embalsamador, no quiso integrarse en el Consorcio Pabliano para formarse como heredero. Esto desesperaba a su madre, quien finalmente recurrió a Alicia para que lo convenciera.
Cuando Alicia entró en su habitación, Miguel la miró con recelo, como si se enfrentara a una amenaza.
Qué irónica la forma en la que antes me mirabas.
Alicia se cubrió la nariz, horrorizada al descubrir las dos esculturas de madera que representaban a Luciana y a mí.
—¿Miguel...?
Migu