Mi abuela, al escuchar esos detalles por primera vez, no pudo soportar la angustia y la ira acumuladas. El peso de tantas injusticias la aplastó y cayó al suelo de golpe.
Desesperada, solté a Luciana e intenté abrazar a mi abuela, pero mi cuerpo ya no podía tocarla. No tenia forma de intervenir, ya había pasado mi tiempo, solo quería que esta discusión permitiera liberarnos.
En ese momento, Miguel despertó de su desmayo. Aún aturdido, se levantó rápidamente de la cama y corrió hacia ella con pre