XIII
Cada galope del caballo, la acercaba más y más a los brazos de quien sería su lúgubre y anciano esposo. Cada sonido de las ruedas de la carroza, era el canto de tristeza, misma que llevaba impregnada en todo el cuerpo. No quiso abrir las pequeñas cortinas, no quería saber el camino a la mansión de ese horrible hombre que la había comprado, para ser su esposa. Por que así se sintió ella, como mercancía, el pago de una deuda de sus padres a ese viejo de aspecto enfermo y cansado. Todos la c