XVIII
La alarma muy escandalosa empezó a resonar por todo el internado, era hora de abrir los ojos para comenzar el día, uno normal, aburrido y sin mayores expectativas, más que las de sobrevivir y llegar a la cama en la tarde, otra vez. Mientras todos entraban y salían del baño, él no parecía querer despertar para ir a las clases. Con la delicadeza de una enorme roca en pendiente, una almohada le cayó en el rostro, dándole el susto de su vida, tanto así que saltó de la cama de forma estrepito