La sangre me hervía de coraje y es que esa pequeña incrédula estaba acabando con mi paciencia.
—Cariño, vayamos a comer.
—Es mejor que vayas a cenar tú, tengo pendientes por resolver.
Camino hacia mi despacho, al entrar tomo mi teléfono llamando a José y pidiéndole venga a mi despacho.
Son cuestiones de minutos para que llegue y al entrar me observa fijamente.
—¿Qué hacia ese infeliz aquí y donde carajos conoció a Lucia?
—Está tarde que fuimos al pueblo, al parecer coincidieron y el la inv