Lo nervios eran algo que no podía contener. Trataba de respirar profundo mientras mi pies no dejaba de golpear el piso como taladro de manera persistente.
Damián colocó su mano sobre mi pierna finalmente calmándola. Sonrió y acarició mi mejilla.
—Tranquila, todo estará bien mi cielo.
Nos encontrábamos a la espera de los resultados del examen de sangre. La puerta se abrió y una enferma salió con una cálida sonrisa.
—Señorita Olivares, puede pasar la doctora Díaz la espera.
—Gracias.
Me lev