Los presentes se estremecieron en sus lugares. La anciana no ocultaba el hecho de que ella ejerciera tal nivel de maldad y desprecio para con su hija política. Ahora, todos los rincones del salón confirmaban lo que antes eran sospechas: la fiesta era una pira pública diseñada para humillarla delante de todos, para que el reino viera que la "Madre de Inglaterra" no era más que un espectro sin dientes. Para la Emperatriz no era suficiente con arrebatarle su marido y su hijo mediante el acero y la