—Pensé que no aceptarías tomarte un café conmigo—sé sincero el hombre frente a ella.
—¿Por qué no habría de hacerlo, señor Acuña? Usted siempre se portó muy bien conmigo.
—Por favor, nada de señor. Ahora soy simplemente Gerónimo, solo eso.
Victoria sonrió.
—Está bien. Es un placer verte, Gerónimo—las mejillas de la mujer se colorearon tras decir eso.
El hombre quedó encantado con esa reacción tan espontánea.
—Me alegra poder verte mejor. Según supe, la pasaste bastante mal en estos meses.