Ya amanecía y los primeros rayos de sol se colaban por las ventanas del lujoso apartamento. Sarah descansaba recostada sobre el pecho desnudo de Diego, subiendo y bajando al compás de su respiración tranquila y profunda. Tenía una leve sonrisa dibujada en su rostro, evidencia de la intensa noche de pasión que habían vivido.
En la sala contigua, Katrina yacía envuelta en un revoltijo de sábanas y almohadones entre los brazos musculosos de Daniel. Sus piernas desnudas estaban enredadas en una pos