Arien Santori dedicó a Tanya una sonrisa ladeada que pretendía lucir seductora, aunque sólo consiguió acentuar su expresión petulante y arrogante.
— ¿Y bien, preciosa? Estoy esperando que me digas tu nombre —ronroneó con ese tono grave y desdeñoso que parecía querer intimidar.
Tanya enarcó una ceja rubia y se tomó un momento para recorrer a Arien con la mirada, de arriba abajo, como evaluándolo fríamente.
— Mi nombre es Tanya Sanders —respondió finalmente con voz seductora— y tú harías bien en