Ernesto
Había llegado al aeropuerto, no había logrado dormir. La culpa iba a matarme, pero que sea Alonso quien me aniquile. Al menos me aseguraré de acabar con nuestra pesadilla. Al ingresar distinguí a unos perfectos matones vestidos de negro. Llegué a su lado con la pequeña maleta, me presenté hablando un decente italiano. Con Eros debías aprender varios idiomas o no podías hacer parte de una conversación de hermanos.
—En cuatro horas sale el vuelo.
—¡Ernesto!
Cerré mis ojos, les había pedid