Ernesto
—Me uno a esa integración. —comentó Nadina—. Un fin de semana completo es lo merecido, mis hijas podrían quedarse con su padre, eso sería la maravilla.
—Ahí está la trampa de mi esposa.
Sonreímos ante su comentario de Eros. Recogieron los platos de la mesa. Mi abuela Elsa volvió a mirarme desde la entrada de la cocina. Había ido al consultorio, al apartamento y en cada reunión nos mira a mí y luego a Angélica. Dios, todos se dan cuenta de algo que pasa entre nosotros; era mejor salir a