Alexey
Terminé de preparar el batido de chocolate, serví dos vasos, le entregué uno al guardaespaldas que ahora estará cuidándome. Esta mierda era ilógica, puesto que pegaba más duro que él.
—Damián, toma.
—Señor, estoy en servicio.
—Lo sé, pero debo hablar contigo. —Le entregué el batido, en eso tocaron a la puerta, sabía, quién era, al abrir—. Hola, papá.
—Hijo.
Dicen que somos dos gotas de agua, pero a mí me falta mucho para compararme con el gran ser humano que era mi padre.
—Señor.
—Siénta