Rubí
Regresé al carro solo porque varias personas vieron la disputa. En un silencio total e incómodo, atravesábamos toda Bogotá. Una hora después estaba aparcando frente a mi casa. Puso el seguro de la puerta. Ahora literalmente estaba encerrada.
—Disculpa por alzarte la voz.
—Quiero salir del auto, Emmanuel.
—¿Por qué le pediste ayuda a mis hermanas?
—No lo hice. Y si les conté lo de ayer, pero como una experiencia más, de hecho, yo pasé página. Lo que hayan pensado tus hermanas lo hicieron po