Gabriela
Habíamos desayunado en el balcón del apartamento, pedimos una fritanga, arepa e’huevo, carimañolas, deditos de queso, empanadas, buñuelo de maíz, café con leche, jugo de naranja. Estos hombres eran una máquina para devorar comida. Mientras nosotras, en un platico, poníamos unos tres de esas delicias costeñas.
Ellos parecían recién llegados de una travesía sin comida. Analicé a cada uno, y las parejas formadas me gustaban. Faltaban los Orjuela y, por lo dicho por mi madre anoche, cuando