Alexey
El doctor me curaba las heridas de la cara. El puto italiano tenía fuerza. Pero lo jodí de puro gusto. Vainilla tenía mi mano entre las suyas.
—No me mires así amor, me encuentro muy bien. Créeme, necesitaba dar estos golpes, sabes por lo que pasamos con lo de Perla, lo de Ana María, —nos miramos—. Me hacía falta.
—Te golpearon muy fuerte. —Por la presencia del doctor no me estaba comiendo los labios. —¿Las cosas fueron muy feas? —miré al hombre que me curaba, no creo que sepa español.
—