Egan
Uno de los hombres que habían llegado con Ernesto a la clínica cuando recuperamos a Gabi me esperaba con un cartel en la mano y mi nombre escrito. Me presenté ante él.
—Señor Katsaros, bienvenido. Lo llevaré al hotel. —arrugué la frente—. El vuelo de los colombianos llegará a medianoche, sería una pérdida de tiempo llevarlo al lugar final, para luego regresar. Entre menos seamos vistos mucho mejor.
—¿Tu nombre es?
—Simone. —Afirmé.
Llegamos al auto, tomó mi maleta y la guardé en la cajuela