Rubí
—No hay problema, Emmanuel. —Me adelanté, nos miramos—. Gracias por el fin de semana de sexo. ¿Cierto? —No comprendí su mirada, pero ya pasaste todo y demostraste quién eres, Rubí, si no se dio, no se dio.
—Gracias. —Bájate, Rubí. O vas a llorar aquí.
—Ya…
Bajé del auto, en la casa de al lado, llegaban los vecinos en taxi. Él se fue, las manos me temblaron. Aun así, debes verlo con tus propios ojos. Corrí hacia el taxi.
» Señor, buenas tardes. Por favor, siga a ese carro. No lo pierda.
Vei