Samuel
Terminamos de almorzar. Ya nos habíamos despedido del abuelo, ahora dormía. El doctor logró normalizar su saturación, pero nos dijo a todos que su corazón no aguantaría mucho. Ahora solo nos quedaba esperar. Duele, pero ya eran ochenta y siete años. Tuvo una vida llena de momentos felices, dificultades, arrepentimientos y amores.
Por mi parte, algo debía de tener para con los niños; porque una vez se dieron cuenta de mi presencia, mis sobrinos alzaron sus brazos para cargarlos; esa era l