Ruby
Conducir con un bombón de caramelo mirando no era agradable, reparaba en mí cada dos por tres. Su escaneo me había sonrojado en más de tres ocasiones.
—¿Puedes dejar de mirarme?
—Tenemos una conversación pendiente.
—Habla si eso es lo que deseas.
—Por ahora, no te inyectes en la farmacia donde lo hicieron Euma y Gaby. —Lo miré—. Ojos al frente, jovencita. —Como tonta obedezco, eso parecía satisfacerle—. Quiero que te cuides. —Volví a mirarlo—. Te di una orden.
—Semáforo en rojo, y ¿esta es