Alexey
No podía evitar el sentirme temeroso con ella aquí. De hecho, no se le había quitado la idea de… Quédate quieto, sultán, no te levantes, pero el pensar en cumplir sus deseos…
—La idea era seducirte. —Sus ojos seguían húmedos—. ¡Mira como quedé! —quise reírme, pero me contuve.
—Hermosa, natural, tal cual eres tú.
—¿Con un ojo morado? —Era una completa vanidosa.
Tomé su mano y la obligué a mirarme. Sin tacones se veía muy bajita. Su cabello mojado cayó hacia atrás, sus ojos negros centella