Ramsés tomó la mano de su mate y junto a ella ingresaron a la sala de conferencias. Ícaro ya había tomado su lugar central junto a su luna, a su lado había dos sillas vacías, las mismas debían ser ocupadas por su hermano y cuñada.
Todos miraban un tanto molestos por la situación, para ellos era inconcebible que el expatriado ocupara un puesto tan importante durante la conferencia. Los ancianos, que habían tenido que ubicarse a una distancia mayor estaban furiosos, esos lugares eran de ellos, el