Las luces de todo el lugar estaban preparadas para apuntar directamente a la pareja Real, por esta razón, cuando los reflectores iluminaron hacia la entrada del gran salón, todas las miradas se encaminaron hacia esa dirección.
Rostros estupefactos. Ceños fruncidos. Enojos y enconos.
Ícaro observaba a esos hipócritas, nadie entendía que era lo que ocurría, pero él se sentía el hombre más feliz del mundo. Por un momento tuvo temor, pensó que no llegaría a tiempo cuando sus hombres le informaron q