Las campanas de la catedral siguieron repicando mucho después de que terminó la ceremonia; su tañido constante anunciaba la unión a toda Carminton. Afuera, la gran escalinata hervía de invitados cuyas conversaciones se fundían en un murmullo emocionado. Los flashes de las cámaras destellaban sin cesar mientras la prensa capturaba el momento. Pero la multitud no se movía, a la espera de los recién casados.
Cuando finalmente se abrieron las puertas, el ambiente cambió. Aurelian salió primero, segu