Las enormes puertas terminaban de abrirse. El sonido suave de los mecanismos bien aceitados resonó en la gran entrada mientras los altos paneles de madera se separaban despacio y dejaban entrever el interior. Mercy se quedó inmóvil.
Aurelian seguía sujetándole la cintura con firmeza, pero antes de dar un paso al frente, la giró hacia él.
Aurelian apartó la mano de su cintura y la llevó hasta su cara para tomarla. Fue inesperado. Mercy contuvo el aliento.
Le rozó apenas la mejilla con el pulgar,