El jet privado descendió con suavidad a través de un manto de nubes plateadas.
—Damas y caballeros —anunció el piloto con voz serena por el altavoz de la cabina—, nos aproximamos a la Terminal Privada Internacional de Lisbourn. Por favor, permanezcan en sus asientos mientras nos preparamos para aterrizar.
Mercy se enderezó sin darse cuenta. Frente a ella, Aurelian cerró su tableta con precisión y sin decir nada. Su expresión era indescifrable. Como siempre, parecía tranquilo y con todo bajo cont