Diana se levantó de su asiento de un salto, con el corazón acelerado por la alegría. Las manos le temblaban mientras las apretaba una contra otra, incapaz de contenerse. Charles abrió los ojos como platos por la impresión y, por un momento, no pudo respirar bien. Se volvió despacio para mirar a su esposa, y los dos compartieron una mirada larga y silenciosa, incrédula y esperanzada.
—Cariño… ¿en serio eres tú? —preguntó Charles con la voz temblorosa, inclinándose hacia el celular, temeroso de qu