—¿Estás seguro de que lo tienes contigo? —La voz de Stone estalló por el altavoz del celular. Sonaba más fuerte de lo habitual, cortante, exigente y tensa.
—Sí, jefe. Está aquí con nosotros mientras hablamos —respondió el hombre del otro lado de la línea.
Stone entrecerró los ojos. La confusión se le notaba en la cara. Todavía no entendía qué estaba pasando. Mantuvo la mirada fija en el camino mientras conducía, con las manos tan apretadas al volante que los nudillos se le ponían blancos.
Y el c