—Y en este momento —dijo Gabriel con firmeza—, ya terminé con él. No hay vuelta atrás en esto.
Hablaba con calma, pero se le notaba una determinación contenida. Miró a Sia con firmeza y le dio tiempo suficiente para asimilar sus palabras.
—Esperaré a que me digas exactamente qué quieres hacer —continuó—. Y cuando lo decidas, te prometo ayudarte a lograrlo, tal como dijo el abuelo.
Los labios de Sia temblaron. Sus ojos brillaron con lágrimas contenidas. Trató de respirar con calma, pero el pecho