—Esto es increíble —masculló Gabriel entre dientes. Su voz era baja, pero el dolor que llevaba dentro llenaba toda la oficina—. ¿Cómo pudo hacerlo?
Le tembló la voz y, aunque hablaba en voz baja, Stone y el señor Miles percibían lo profundamente herido que estaba.
Gabriel no era un hombre que confiara con facilidad, no después de todo lo que había vivido. Y, aun así, Suzanne era una de las pocas personas a las que había permitido acercarse. Confiaba en ella mucho más que en Jude. Llevaba años co