La noticia de la condena de Anna Finley se propagó. Todos los canales de noticias difundieron su historia. Todos los blogs, sitios de rumores y páginas de redes sociales mostraban su cara.
Se habían formulado nuevos cargos en su contra, mucho más graves que los anteriores.
El secuestro, hacía treinta y un años, de una tal señorita Gladys Lambert.
Su reclusión ilegal en un hospital psiquiátrico privado durante décadas.
El robo de su hijo recién nacido.
El hospital que en ese entonces recibió a Gl