La residencia de Gabriel e Isla nunca se había visto tan llena de vida. El amplio jardín se llenó de risas, música y calidez.
Por todas partes había gente feliz; sus voces se mezclaban con la música mientras trabajaban en equipo. No era una fiesta formal, sino una reunión familiar llena de amor, comodidad y unión. Nada era forzado, solo familia y amigos que pasaban un buen rato juntos.
Las parrillas estaban montadas en un extremo del jardín, con el humo elevándose hacia el cielo despejado de la