Capítulo 259
Isla y Elara entraron juntas a la amplia despensa, con pasos tan suaves y sincronizados que casi parecían uno solo, pues Elara imitaba los movimientos de su mamá.

Los estantes de la despensa estaban repletos, cada cosa ordenada con cuidado: verduras frescas, frutas, especias y cualquier otro ingrediente que se pudiera imaginar. Dos criadas las seguían en silencio, empujando el carrito y dejando espacio suficiente, pero manteniéndose cerca por si Isla o Elara necesitaban ayuda.

—Ay —se quejó Isla
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