Esa noche, todos se fueron poco a poco. Pero Sofie y Betsy se quedaron. No podían dejar a Isla en ese estado, no después de todo lo ocurrido. Las dos sabían que ella necesitaba a alguien cerca, alguien que se sentara a su lado a acompañarla en el silencio.
Por la mañana, la mansión se sentía más tranquila. El sol se filtraba por las paredes de cristal del comedor y lo pintaba todo de dorado. Gabriel e Isla estaban sentados juntos a la larga mesa. Sofie y Betsy los acompañaban, y el tintineo de l