Alfred cerró los ojos unos segundos y dejó que el silencio del gran comedor se asentara. El pecho le subía y bajaba. Aunque aún sentía el peso de la situación, ver la calidez que se extendía en la sala entre los miembros de su familia lo hizo sentirse mejor.
Hacía años que no presenciaba semejante armonía en su casa. Risas compartidas sin pretensiones, sonrisas que no estaban teñidas de codicia ni de rivalidad. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que la paz por fin regresaba a la familia Wyn