El Ojo que Todo lo Ve había revelado sus secretos. Ahora, con la certeza de lo que se avecinaba, el grupo se encontraba en el umbral de la guerra. Pero, en medio del caos inminente, también había espacio para la conexión, la cercanía y el deseo que ardía entre ellos.
La noche envolvía el Castillo en una quietud casi irreal. Tara estaba apoyada en el marco de una de las ventanas, observando el cielo estrellado, cuando Rhidian se acercó sigilosamente por detrás y envolvió su cintura con sus braz