La luna brillaba con intensidad sobre el castillo, proyectando sombras danzantes en los muros de piedra antigua. Tara se encontraba en la sala principal, rodeada de los antiguos pergaminos y artefactos que Alaric había reunido. Su mente estaba llena de preguntas, pero sobre todo, de un presentimiento inquebrantable: la Llama y la Chispa no eran entidades separadas dentro de ella. Eran parte de un mismo poder, esperando ser desatado.
Rhidian entró en la sala, sus ojos buscando los de Tara.
—H